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Qué tienen que ver tus Nike con la destrucción de la Amazonia

Enviado por Maria LLácer el 24/01/2010 a las 4:26
Maria LLácer

Greenpeace acusa a marcas como Nike de colaborar con la destrucción de la selvaLos ecologistas responsabilizan a la ganadería de la deforestación de la AmazoniaBrasil ha aprobado una ley que legaliza la ocupación de 67 millones de hectáreas

En la aldea indígena Apyterewa, en la selva de la Amazonia  brasileña, a once horas en barca de la ciudad más cercana por el río Xingu, no falta un campo de fútbol verde con sus dos porterías. Allí, los niños de la tribu de los paracaná corren descalzos con el balón, mientas sujetan sus chanclas en las manos. Resulta paradójico, pero Greenpeace Brasil acaba de difundir un nuevo informe titulado 'Sacrificando la Amazonia' resumen en español en el que señala con el dedo a marcas de zapatillas como Nike o Adidas por contribuir a la destrucción de la selva de la que depende la subsistencia de pueblos indígenas como los paracaná. ¿Qué tienen que ver unas deportivas con la deforestación de la Amazonia?

Como explica el ecologista brasileño André Muggiati, de Greenpeace, la relación sería la siguiente: el cuero utilizado por marcas como Adidas o Nike ha sido vinculado por ellos a empresas de Vietnam y China, que a su vez compran este material a compañías brasileñas de vacuno como Bertín, que se abastece en parte con reses criadas en las fazendas (los ranchos) de la Amazonia. Una cadena comercial como cualquier otra en el mundo si no fuera porque la ganadería brasileña es considerada por los grupos conservacionistas como una de las principales causas de destrucción de este paraíso de la biodiversidad: Brasil es el mayor exportador de vacuno del mundo y el 79,5% de todas las áreas en uso de la Amazonia Legal brasileña(2) se utiliza para la cría de reses; donde antes había bosques, hoy se ven pastos sin fin en los que apenas quedan en pie aquí y allí algunas "castanheiras "

"La selva lo es todo para nosotros, es nuestro padre, nuestra madre, lo es todo", dice un indígena de la tribu de los paracaná. "No pensamos salir de aquí, es nuestro hogar".

En la web del grupo Bertin, desde hace unos días un comunicado  rechaza las acusaciones y asegura que la empresa cumple de forma estricta las leyes brasileñas. Sin embargo, Muggiati no cree tanto en el cumplimiento de las leyes ambientales en la Amazonia, como en otras leyes que considera aquí mucho más eficaces: las del mercado. "Estas marcas tan conocidas también son cómplices de la destrucción de la selva, ellas pueden hacer mucho por la Amazonia si toman medidas para garantizar que el cuero que compran para sus zapatillas no viene de áreas deforestadas". Esto ya ha ocurrido antes; como cuando Greenpeace siguió el rastro de la soja cultivada en la Amazonia hasta los criaderos que suministran los pollos para los McNuggets de los restaurantes McDonald's. "Con la soja se ha conseguido que las empresas monitoreen las propiedades con satélites para verificar que no se cultiva en áreas deforestadas".

A orillas del río Xingu, donde ha amarado el hidroavión de Greenpeace, todos los paracaná se han dibujado en el cuerpo gruesas rayas negras, como sombras de troncos de árboles tras las que se ocultaran. Nadiuky nunca ha comido en McDonald's ni se ha calzado unas Nike. Pero la tribu tampoco tiene mucho que ver con aquella que, cuando él tenía unos siete años, fue contactada por primera vez en 1976 por hombres blancos que llegaron con cuchillos, espejos y hamacas de regalo. Hoy todos ellos cubren su cuerpo con ropa y en la aldea hay una escuela llevada por laFundación Nacional Indio (FUNAI —la fundación estatal que se encarga de la tutela de los indígenas, a los que la Ley contempla como menores de edad—. Incluso pueden ver todos juntos la tele cuando no falla el generador eléctrico y captan bien la señal. Lo que sí que no ha cambiado ha sido su dependencia del inhóspito ecosistema que les rodea: "La selva lo es todo para nosotros, es nuestro padre, nuestra madre, lo es todo", explica Nadiuky, que cuenta cómo ese cordón umbilical invisible que les une con el bosque está siendo cortado. Sus territorios han sido invadidos por hombres blancos y ya hay pastos abiertos a sólo 20 minutos en barca. "No pensamos salir de aquí, es nuestro hogar", asegura este paracaná dispuesto a defenderse con su arco y flechas si fuese necesario: "No queremos pastos, queremos árboles".
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