
ELOGIO AL DESORDEN
Temo el orden a una mente rígida, como temo a un cielo demasiado azul, a un mar sin olas, aun amor sin pleitos. El orden es tieso como u cuello almidonado, como las cuerdas de una raqueta para jugar tenis.
Es un ejemplo de perfección que me aterroriza como el alto pico del Mont Balnc, cubierto de nieve. El orden es también pereza, sumisión y terror. Veo el orden cuando miro un paquete de naipes sin estrenar, que nada significa nulo como el cerebro de un recién nacido.
Es como el silencio en las grandes profundidades, como los movimientos de un corazón inútil. Los bolsillos arreglados son bolsillos vacíos. Un hogar ordenado es una casa donde se puede ver a fantasmas sentados en rueda charlando solemnemente sobre la moralidad, es una cocina sin olor.
En la red ferroviaria, los trenes de la ideas, de los sentimientos, de las inclinaciones, se mueven siempre a la misma hora, aceitados con una elegancia convencional. El orden prohíbe la bruma, los bosques y los viajes. El orden más perfecto el de la muerte.
El orden sistemático existe solamente en los ALFABETOS, en las reglas de los gramáticos, en las memorias y en los cementerios, siempre en el pasado que ya no puede ser alterado.
El orden de la naturaleza está representado por las estaciones, por las estrellas, por las fronteras naturales. Pero el orden en el ser humano es un nido sin pájaros, un parque sin niños, una mano sin líneas.
Sin embargo, el desorden no es lo contrario del orden. El desorden no es la tormenta, ni la vibración de las ventanas producida por las ruedas de los vehículos, ni el coche delante del caballo: no, es la vida misma.
El orden presupone la presencia de disciplina, de falta de nobleza, de tumbas, de leyes; por que invita a lo ilegal, a la rareza, a la desintegración. Es un dios estático, mientras el desorden incoherente es lo que comprende el alma del hombre.
El orden no permite una derivación, es una tabla de multiplicación, es la estación donde termina un viaje. El desorden es por donde este se inicia.
La guerra, aunque no lo crean, pertenece al reino del orden, por que se dirige a un fin, hacia las fronteras, presupone una jerarquía, sistemas, agrupaciones.
Pero un hermoso día de verano en la ribera de un río, con los codos encajonados en el pasto húmedo, con la mirada perdida sobre una flota de insectos que navegaban por el río, con el cuello quemado por el sol, con el corazón a todo latir, es una día de desorden.
El hombre siempre está creando.
Cuando se le preguntó SHAKESPEARE donde encontraba sus personajes, contestó: “en mis sueños”. Y estos pertenecen al a la forma más pura de desorden.
El orden ofrece una almohada, el desorden empuja a un hombre en el camino para desarrollar su más alta actividad. El desorden es nuestra personalidad.
Nota: NO TEMAS IR DESPACIO, SOLO TEME NO AVANZAR.
TAL COMO ES ARRIBA ES ABAJO.
cygnusunit












































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