En una antigua ciudad de Europa, un mendigo cojo pedía dinero a la puerta de un pequeño taller de calzado, su dueño era un hombre con una deformidad en la espalda.
Ambos vivían en el mismo sector, y para llegar a su casa debían dar un largo recorrido alrededor del cementerio de la ciudad.
Un día el mendigo no fue a pedir limosna, por lo que su amigo el jorobado, tubo que regresar solo a su casa.
Al llegar al cementerio, se dijo a si mismo, “sin mi amigo el cojo se me hace bastante mas largo el camino. Venceré
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