El discípulo inició su camino, en solitario, en el momento en que comenzaba sobre el planeta un eclipse he sol.
No llevaba ni oro ni armas, tampoco estaba a su lado el maestro para acompañarle a través del maya, pero recordaba la voz:
EL DISCÍPULO COMO EL MAESTRO, ESTÁN FUERA DE TODO ORDEN, POR ENCIMA DE TODA LEY.
Por el camino algunos de los que le observaban te llamaban loco: los hechiceros y los perros intentaron hacerle variar de dirección para que cayera en un precipicio sin retorno.
Su tiempo se media por las lunas y su acción debía guiarse
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